En este día se conmemora, desde hace más de 100 años, la lucha de la mujer por la igualdad, en todos los ámbitos, con el hombre.
La preocupación por la línea es una característica propia de la llegada del verano. Una ansiedad que marcadamente se extiende y que cada vez más abarca ambos sexos, aunque esto siempre se ha caracterizado por ser más de tonalidad femenina. El “kilito de más” o “esos centímetros que te sobran” son expresiones que la publicidad ha utilizado en mayor grado en mensajes pronunciados por una mujer. En una cultura en que la estética parece intrínsecamente vinculada a la delgadez (extremo enflaquecimiento en algunos enfermizos casos) el control del peso mediante la dieta se ha convertido en una implacable obligación.
Pero ahí me surge la duda. ¿Cómo controlar la dieta en una sociedad en que la gastronomía es un arte, el comer una delicia y el beber todo un placer? Puestos a ello mi investigación se enfocó a saber cómo pueden las féminas cumplir con el interés por la protección de su peso y, a la vez, no renunciar al placer de la sana dieta mediterránea, atlántica o cantábrica, si es preciso.
Me pareció el momento más apropiado el desayuno en la cafetería. El conocer cómo una señora se comportaba para “matar el gusanillo” a la hora del almuerzo me pareció que podía ser sobradamente aclaratorio como para resolver el caso. En una pequeña cafetería las señoras, a eso de las diez y media, once, iban colocándose en sus lugares habituales en forma de grupos de amigas que se citan para comprar juntas, en variante de señora solamente acompañada por su carrito de compra, etc., etc.
Paco, nombre bastante común en los bares y cafeterías de nuestro país, iba preguntando muy amablemente: “¿Qué nos tomaremos esta mañanita señoras?” Las respuestas se fueron sucediendo: ”¡Ay! Pues mira yo me tomaré un bocadillito de esta tortilla de patatas… No estará muy aceitosa ¿no?...”. “¡Qué va, mujer! ¡Qué va!, no se preocupe, y ¿para beber?”. “Yo sólo un agua con gas, gracias”.
Mediante este modelo de diálogo, tintado por parte de las señoras de cierta preocupación, fueron desfilando bocadillitos de lomo, jamón, tortilla, chorizo, cruasantitos, palmeras y muchos otros modelos de Kilocalorías de magníficos sabores. Eso sí, la preocupación empezaba a verse en muchos casos remendada mediante un benefactor producto: La Coca-Cola light. Ya comenzaba yo a ver algo que me era disonante…
El segundo acto se decoró de las habituales conversaciones y complementó el pequeño ágape mediante innumerables Cortaditos y Cafés con leche de peculiar composición: Cafés descafeinados con leche descremada y endulzados con… ¡Tachín, tachín!… ¡Sí! ¡Lo adivinaron Vds.! ¡Con sacarina!
Una vez más mi masculina lógica seguía despistada y anonadada a la vez. La sumatoria cadena energética quedaba perdonada y bendecida con esos divinos polvitos blancos de tan conocido edulcorante. Comentarios sobre la consciencia de cumplimiento de su riguroso almuerzo y la realización de un esfuerzo sobrehumano por lo que a la escasez energética se refiere eran tema continuado. De rígida alimentación femenina se fueron sazonando mucho y más las diferentes conversaciones que a mi oído llegaban: “Pues sí, María. Esto del verano para mí es un suplicio. El calor, los turistas por todos lados, los atascos de los domingos para ir a la playa o la sierra…Un horror. Y encima la dieta que tengo que hacer para mantenerme. Porque claro, no me voy a poner hecha una vaca ahora que hay que lucirse, ja, ja, ja. ¡Ay! Sí. De verdad. ¡Esto del verano es un suplicio! Debe ser por lo del cambio climático. ¡Qué penita, qué penita tengo en este cuerpo!”.
Este manifiesto que oí de “yo existo, luego sufro” es ejemplo de la opinión femínea sobre la pobre alimentación con la que ellas están penadas en el período estival. Pero sin embargo las pruebas estaban ahí: calóricas ingestiones en forma de maravillosos productos de nuestra rica gastronomía. Pero su perdón también existía: Light y sacarina eran las absoluciones que San Paco les había proporcionado. Tranquilas almas salieron de la cafetería; felices y contentos estómagos nutrían pacíficos pensamientos por lo que respecta a su serio esfuerzo en el mantenimiento de su peso.
Una vez más solicito ayuda. ¿Qué femenina fórmula genera tan lindo pensamiento que borra las tentaciones a las que ellas sucumben y ensalza a la vez una lucha nutricional inexistente?
Bishop Queen Checkmate comunicacion@clubgynea.com