En este día se conmemora, desde hace más de 100 años, la lucha de la mujer por la igualdad, en todos los ámbitos, con el hombre.
El objetivo de mi paseo y estancia por aquellas galerías comerciales fueron las compras femeninas. Sí, sí, el porqué de algo que nunca he entendido. ¿Por qué la principal diversión de las mujeres es lo que se denomina como 'ir de compras'?
Cómodamente instalado en una linda cafetería bien situada para escuchar lo que ocurría en las tiendas cercanas, me concentré una tarde en averiguar lo que acontecía en los pasillos y comercios de unas galerías. ¿Dónde estaba y cómo era lo que tanto divertía al género femenino?
Durante la tarde que ocupó mi proceso de investigación hubo algunas damas ocupadas en una sola cuestión: pasear mirando las tiendas de forma desinteresada. Así de simple. Vagaban frente a los escaparates. No se fijaban en ningún objeto, de los que allí había. Su entretenimiento fue el andar visualmente sobre los cristales. Su interés era muy semejante a la expresión de quien pasea observando el paisaje. No entendí para nada este gesto. Entiendo que hay lugares mucho más atractivos para una mirada perdida que una simple vitrina llena de cosas ordenadas y colocadas en estanterías.
Otro tipo de casos que percibí era el contrario al anterior. La actividad era andar y andar sin mirar ni entrar una sola vez en los comercios. Total negativa actitud hacia las tiendas. Su atención se centraba en una conversación con otra mujer. Había casos en que discutían las dos, otros en que ocurría un monólogo de imposible salida para la que lo escuchaba y a veces, y aunque cueste creerlo, en que sucedía una continua disertación cruzada en la que solamente se hablaba y hablaba y en que en ningún momento se escuchaba. Todo ello se acompañaba de paseo repetitivo, en el que las paradas no eran para mirar sino para realizar acciones de importancia alguna, como por ejemplo ponerse bien una prenda o un zapato.
Mi voluntad de explicación volaba sobre varias hipótesis: ¿Lo hacían para desgastar zapatos que justificaran una nueva compra? ¿Para exhibir su yo frente al resto de personas? ¿Quizás porqué sufrían una enfermedad que las impedía pararse? ¿El motivo divertido era el hacer ejercicio de piernas y de lengua que el médico les había recetado?... De verdad digo que estas razones no me convencieron. Pero lo intenté de nuevo con las que entraban en los comercios, pedían una cosa, la miraban, la devolvían y se iban. En este grupo las había educadas (p. ej. se despedían al irse), y otras que no mostraban cortés conducta alguna. La mayoría mostraban en esta actividad un comportamiento casi, casi robótico: entro, hablo, cojo, miro, doy y me voy…; entro, hablo, cojo, miro, doy y me voy… Es destacable que ninguna dependienta expresó, en ningún momento, sorpresa o desencanto por el resultado. Por así decirlo, veían como muy normal el atender a un buen número de potenciales clientas que daban sólo trabajo para no obtener de ellas ningún beneficio.
Y yo continuaba sin hallar la diversión. Decidí centrarme en el escaso porcentaje de mujeres que aquella tarde sí que compraron. Me quedó claro que las compradoras no lo hacen de manera fácil. No faltaron las preguntas como '¿No tienes otro color?', '¿Tienes una talla más?', '¿Cuándo dices que te llegará ese otro modelo?, '¿Me lo guardarías hasta el sábado?, ¿Y de la marca XXX no tienes ningún modelo? o ¿Crees que le irá bien a un niño de 3 años? Tampoco escasearon las alusiones inconcretas de las que la dependienta no sacaba ninguna conclusión, 'Dame el de antes, por favor', 'Si, mujer, sácame aquel tan mono', 'No, éste no, quiero aquel que es mejor', '¡Si, tonta, aquel que le gusta tanto a mi marido!'…
A la hora de pagar tampoco faltó el festival de comentarios agradables, '¿Seguro que éste es el precio?', '¡No me digas que no aceptáis tarjeta!', '¡Pues la última vez que vine me hicisteis descuento!... El final fue siempre mismo. Todas acabaron pagando pero no sin antes mostrar un motivo de disgusto. En algunos pagos un ligero temblor parecía existir, no en la mano, pero sí en el billete o la tarjeta utilizada. Un curioso efecto, ¿no?...
Como guinda no faltó que escuchara frases como 'Esta tarde me lo he pasado genial', '¡Uyyy, que bien!'. ¿Cuándo quedamos otra vez?...
Cansancio de posaderas y picor en la mirada motivaron mi triste retirada. El porqué de la diversión del 'ir de compras' que muchas de ellas pregonaban sigue siendo, para mí, una incógnita. ¿Alguna me lo pueda explicar?
Bishop Queen Checkmate