En este día se conmemora, desde hace más de 100 años, la lucha de la mujer por la igualdad, en todos los ámbitos, con el hombre.
Sería una experiencia emocionante. Sin duda elegiría ser un delfín. Es un animal que me fascina… Vamos a poner en marcha la imaginación. ¿Qué pasaría si yo fuera un delfín?
Pues para empezar, volvería a hacer algo que echo de menos: nadar. ¡Ah, qué gusto! De nuevo en el agua, fluyendo y deslizándome. Se está tan fresquito y soy tan flexible… ¡No puedo resistirme al placer de todas estas sensaciones!
Siento mi piel suave, fina pero a la vez resistente, acariciada por partículas de agua pura y cristalina. Esa sensación se intensifica cuando me muevo ágil y mi nado se hace veloz, surcando los océanos.
¡Ale hop! Salto y río. Qué bien me lo paso haciendo piruetas. Para adelante, para atrás, más alto, ¡¡yupiii!! Ja, ja, ja. Y muestro mis dientecillos en una de mis mejores sonrisas. También disfruto buceando. Descubro a otros animales, rocas y plantas. Les saludo y les guiño un ojo.
Otra cosa que me encanta es que puedo ayudar a las personas. Dicen que les viene muy bien tocarme, nadar conmigo, alimentarme… Yo les cuido a ellos y ellos a mí. Es genial ser útil y contribuir al bienestar de la humanidad.
Lo que no me hace mucha gracia es ser delfín en cautividad. Imagínate, siempre nadando dentro de la misma piscina… ¡Yo necesito recorrer mundo! Y si quieren verme hacer saltos acrobáticos y sacarme fotos, que se vengan de crucero por los mares, je, je, je.
Bonita experiencia la de ser delfín, pero es que también me encantaría ser una pantera o un tigre o algo similar… Son esbeltas, fuertes, misteriosas y enigmáticas. Siento que tienen las cosas claras (¿os imagináis a un animal así teniendo miedo o dudando?). ¿Y sus ojos? Esa mirada felina, intensa, que te penetra, que no se amilana…
Caminaría por la selva apoyando con firmeza mis patas, sintiendo la presencia de un suelo a veces húmedo, otras, seco, plano o con desniveles. Correría a toda velocidad, simplemente por placer, experimentando el roce de la vegetación en mi piel. Y cazaría cuando tuviera hambre, aceptando mi instinto y mi naturaleza depredadora.
¿Y qué pasaría si fuera otro animal? Um, uno que volara alto y largas distancias… Migraría cuando fuera necesario y así conocería otras tierras, otras costumbres, y no perdería la capacidad de sorprenderme. Me sentiría libre, sin ningún anclaje. El viento me acariciaría y mis plumas se agitarían de júbilo.
En definitiva, si yo fuera un animal me sentiría realmente parte de la naturaleza, de la tierra, del mundo… Aceptaría mis instintos, disfrutaría haciendo lo que más me gusta y para lo que la vida me ha dotado. Cuando muriese, me podría reencarnar en otro tipo de animal y así tener miles de experiencias diversas por agua, tierra y aire.
Y tú, ¿qué animal serías?
CRISTINA MARTÍNEZ TORAL
Socia nº: 53.655