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Un relato de Maribel, nuestra socia nº 1967
¿Esperas algún detalle para San Valentín? ¿Piensas regalar algo a tu pareja? ¿Te ves obligado a hacerlo? ¿Te gustaría que lo hiciese?
Como cada año, la misma historia, los mismos mensajes comerciales. A veces pienso que no son las estaciones del año lo que marcan nuestras vidas, sino los grandes almacenes: las compras de navidad, los reyes, las rebajas y ahora toca el regalo de San Valentín. Todo es consumismo, y no sólo los centros comerciales te lo recuerdan, cadenas de hoteles y restaurantes ofrecen veladas románticas inolvidables. Presentan una vida idílica, sin problemas. A algunos les hacen sentirse desgraciados cuando contemplan la realidad diaria.
¿Esperas algún detalle para San Valentín? ¿Piensas regalar algo a tu pareja? ¿Te ves obligado a hacerlo? ¿Te gustaría que lo hiciese?
Como cada año, la misma historia, los mismos mensajes comerciales. A veces pienso que no son las estaciones del año lo que marcan nuestras vidas, sino los grandes almacenes: las compras de navidad, los reyes, las rebajas y ahora toca el regalo de San Valentín. Todo es consumismo, y no sólo los centros comerciales te lo recuerdan, cadenas de hoteles y restaurantes ofrecen veladas románticas inolvidables. Presentan una vida idílica, sin problemas. A algunos les hacen sentirse desgraciados cuando contemplan la realidad diaria.
A estas alturas de la vida, somos todos adultos, es fácil comprender que todo es una estrategia comercial. No voy a descubrir nada nuevo. Lo que me gustaría es que nos parasemos a pensar lo que es verdaderamente importante en una relación sentimental. Para mí, a lo largo de estos años, no han sido los grandes viajes, ni los fines de semana especiales en algún rincón perdido. También los he tenido. Lo importante para mí han sido los malos momentos, sí los malos momentos compartidos. Para pasar un fin de semana en un buen hotel tranquilo, cenar en un bello restaurante es muy fácil y es fácil hacerlo al lado de la persona que quieres. Es más, puedes hacerlo con cualquiera, en un momento dado. Pero lo díficil, y lo verdaderamente importante, es que tu pareja haya estado a tu lado en los momentos más difíciles de tu vida. La mía tiene el mérito de haberme acompañado, en innumerables ocasiones al cementerio. Cosa nada agradable para nadie. Ese ha sido "su mejor regalo", aunque a veces lo olvide.
Como mujer, el mejor regalo que se le puede hacer a un hombre es darle un hijo. Decidir formar una familia con tu pareja, es el mayor acto de amor que existe. A un bebé se le quiere tanto, es un cariño tan grande y desmesurado que antes de concebirle procuras darle lo mejor, y escoges, de entre todas las personas que han pasado por tu vida, al que tú crees que será el mejor padre.
Cuando nació mi hijo, mi pareja me regaló sus lágrimas de emoción. Pocas veces le he visto llorar, ya sabéis los chicos grandes no lloran nunca, pero con nuestro bebé recién nacido, cuando lo tuvo en brazos y nos miró, no lo pudo evitar.
La próxima vez que la sociedad me invite a consumir o intente hacerme más desgraciada por no hacerlo, pensaré en todo esto.
Un relato de Maribel, nuestra socia nº 1967