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Colaboraciones

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Enero de 2010
Aquella noche fumaba un cigarillo apoyado en la barra de un bar. Hacia tanto que no fumaba, que las caladas se le clavaban en el pecho y le dejaban un sabor fuerte. Dejó de fumar hace años, pero aquella noche le apetecía. Le apetecía hacerse daño. Quería beber, aunque no solía hacerlo. Quería no pensar, quería olvidar, borrar todo lo ocurrido. Por eso se encontraba allí, delante de aquella copa, totalmente fuera de lugar..
 
Intentaba no revivir aquel momento... pero era imposible. Su mujer, su gran amor, había estado con otro. El lo había visto todo. Se preguntaba si había una mayor desgracia que le puediera ocurrir..Hubiese preferido quedarse sin empleo, hubiese preferido una enfermedad, todo le parecía que tenía menos importancia que aquello...De cualquiera de estas situaciones hubiera salido victorioso, pero esto.. era lo peor que le podía pasar a un hombre. Cuántas veces, en el bar del pueblo, habían hecho comentarios y bromas acerca de los cornudos..Ahora él era uno de ellos... : un cornudo. Y una pregunta taladraba su cabeza una y otra vez: ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Acaso no la había amado lo suficiente? ¿acaso no le había proporicionado todo lo que ella había deseado? ¿acaso no le daba todos sus caprichos?
El abandonó su casa, su pueblo, a todos sus amigos por seguirla a ella: una señorita de la ciudad.  Ella es tan bella, tan perfecta. Una mujer de carácter con las ideas muy claras, más que él, y por ello se dejó llevar...Fue ella quien siempre llevó el timón en su relación. Ella lo organizaba y lo decidía todo. Por ella abandonó su ferretería, el negocio familiar que había pertenecido a su padre y mucho antes a su abuelo. Le parecía tan poco ser un simple ferretero a lado de su mujer, aquella señorita que vino de fuera a instalarse en su mundo.. Una vez instalada ya no podía vivir sin ella.
¿ Qué iba a ser de él ahora? Solo. Se encontraba solo. Su vida no tenía ningún sentido. Cada paso que daba, cada sitio que veía, cada música que escuchaba le recordaba a ella. Y es que, en el fondo, él no era nadie sin ella. Eran demasiados años entregados a aquel matrimonio y aquella relación.
¿Perdonarla? ¿Se puede perdonar algo así? Se preguntaba una y otra vez, si es que había algo que perdonar. A lo mejor su mujer se había enamorado de verdad de otro. Si era así, no había nada que perdonar. Prefería pensar que fue amor, lo que la llevó a esa noche de pasión. Amor y no vicio. Amor y no la búsqueda de algo que él no era capaz de darle. Quizá él era poca cosa para ella y se había terminado aburriendo y cansándose...
 
Estaba hecho un verdadero lío..
 
Su dolor era proporcional al inmenso amor que sentía por la madre de sus hijos.
 
Sólo pensaba en la repercusión que esto iba a traerle. ¿Qué dirían de él sus amigos, sus familiares? Se acercaba la Navidad y los cánticos y las luces le parecían más triste que nunca. El nunca había estado solo. Le educaron para seguir un patrón. Nada más volver del servicio militar se puso a trabajar duramente con su padre y después se enamoró perdidamente de aquella señorita que allí veraneaba... Siguió la vida que había llevado su padre, sus abuelos y hasta sus hermanos.. Eran el modelo a seguir: salir del pueblo para la mili, volver hecho un hombre y ganarse la vida honradamente. Para ello necesitaba una buena mujer. Una mujer que le controlase sus horas en el bar, sus posibles vicios. en fin, una buena mujer que le quisiera y le diese hijos.. formar una familia. Era incapaz de pensar en otro tipo de vida...
A veces había fantaseado con ser soltero, con tener muchas novias y haber estado con muchas mujeres, pero él no era de ese tipo de hombre. Era una persona muy bien educada, muy recta y con una moral muy firme. Sin embargo, le había traicionado de aquellla forma, de aquella manera tan cobarde, tan traicionera habían desmoronado su mundo..todo lo que él creía, todo lo que le habían enseñado..
El dolor que sentía era tan inmenso que le asfixiaba..
Pensó en la venganza. Pensó en las chicas que en su juventud había desdeñado. Pensó en aquella chica, que era de las consideradas frescas, demasiado facilona con la que él no quiso nada aquel caluroso verano en que tuvo la oportunidad..
Pero no podía vengarse.. Sería hacer daño. Hacer daño a alguien como se lo habían hecho a él. Además no concebía a ninguna mujer que no fuese la suya, pero por otra parte.. Sentía aquella curiosidad, aquel morbo que da lo desconocido...
Hecho un lío, apagó su cigarrillo. Pagó al camarero y, con el corazón, totalmente destrozado, sus pasos le llevaron quíén sabe a dónde

Octubre de 2009

Un relato de Maribel, nuestra socia nº 1967

Se acaba el verano. A mí personalmente esta época me produce cierta tristeza. Se van acortando los días, ya no hace tanto calor. Atrás quedan los juegos en la playa, los días de sol, los baños en el mar, en la piscina...Atrás quedan amores, amores de verano, nuevos amigos y nuevas experiencias. Queda el recuerdo de los lugares visitados, en los cuales siempre, inevitablemente, tratamos de imaginar cómo es la vida allí, en invierno y si nos adaptariamos a ella.

Me aferro al recuerdo de estos días y me niego a olvidarlo todo, al llegar de nuevo a la rutina. No me gusta nada esa frase "De las vacaciones, ni me acuerdo". El verano nos tiene que llenar y aportarnos sólo cosas positivas, porque lá época estival, llena de luz, llena de alegría y de música está hecha para disfrutarla.
 
El fin del verano es época de nuevos propósitos, como si de un año nuevo se tratara. Un nuevo curso y el propósito de alcazar nuevas metas. En cualquier caso, es tiempo de renovar. De hecho a la vuelta, todos estamos y nos sentimos un poco cambiados. No sólo físicamente también anímicamente. Ya hemos descansado después de casi un año de trabajo y de rutina, y toca tener más paciencia, tomarnos las cosas con más tranquilidad y sosiego y sobre todo seguir disfrutando de los nuestros, en la medida de lo posible.
 
Quizá escriba esto una enomarada de los viajes, del sol, de la playa y del agua, y todo esto lo relaciona solo con el verano. En cualquier caso, espero que hayáis disfrutado de todo este tiempo, incluyendo las vacaciones, y que estéis llenos de energía positiva para afrontar el resto del año. 

Junio de 2009

Un relato de Maribel, nuestra socia nº 1967 

 

Hubo un tiempo en que las vacaciones de verano empezaban  a finales de junio y acababan con la vuelta al cole en septiembre. Se respiraba felicidad y todos los niños nos pasábamos el día jugando en la calle, en el parque. A la pelota, a la goma, a la cuerda, al escondite...

 

Ir a la piscina municipal era una fiesta. Nadie tenía piscina en su urbanización. Ese día había que aprovecharlo a tope. Cargábamos con la nevera, la silla y la mesa y  lo pasábamos genial. Qué cansancio al día siguiente... Cómo me gustaba nadar... Cómo me gustaba tirarme a la piscina...

 

Más que de piscina, mis primeros "largos" fueron en el río.

 

Casi todos los fines de semana desde el comienzo de la primavera hasta que entraba el otoño, pasábamos el día en Torrelaguna, un pueblo de la provincia de Madrid que tenía un buen río. Era tan grande que hasta nos cubría... A veces se acercaba gente a pescar. Toda la familia, mis tíos, mis padres, mis primos y yo nos subiamos a un coche tipo ranchera, (creo que un 124 de color azul marino) cargada de comida y de neveras para pasar allí el día.

 

Hacíamos paella, que sabía riquísima. Mi madre decía que era por el fuego de leña. Comprábamos el pan en el pueblo. También era diferente, estaba caliente y muy bueno. El sol nos curtía la piel, teníamos buen color aunque a veces no picaban los mosquitos. Era lo normal en esta época de año. Mis rodillas y a veces mis codos, cubiertos de costras curadas con mercromina, de las caidas. Era lo que tenía estar todo el día en la calle.

 

Así eran mis veranos: piscina, nadar en el río, montar en bicicleta, jugar en la calle a la goma, a la cuerda, al escondite, al rescate, globos llenos de agua, pompas de jabón hechas con una pajita y con agua y mistol...

 

Y mi madre en casa, cuidando de mí. Como todas las madres. Muchas noches bajaba a la calle, al parque y mientras las niñas jugábamos, las mamás charlaban de sus cosas. Qué bien se estaba en verano de noche, jugando en la calle. A eso se le llamaba "tomar el fresco". En casa hacía demasiado calor y al día siguiente nadie tenía prisa por madrugar.

 

Quizá por todo aquello a mi me sigue alegrando el verano, quizá por eso, desde entonces, no he dejado de nadar, me encanta el ciclismo y añoro bañarme en un río.

 

Ahora los tiempos han cambiado.

 

Cuando llega junio todo el mundo se plantea la misma pregunta ¿qué hacer con los niños durante los meses de verano? Padres y madres trabajamos. Se tienen sólo 30 días de vacaciones , excepto casos contados, incluso menos si ya has disfrutado algún día en periodos de vacaciones escolares como Semana Santa o Navidades, o aquella vez que el niño o niña estuvo malo. No nos cuadran las cuentas, ni cogiéndonos las vacaciones por separado.

 

A muchos niños en vacaciones le cuidan los abuelos, pero teniendo en cuenta que cada vez las mujeres parimos más tarde, los abuelos no están para cuidar de sus nietos, por no hablar de los que ni tenemos abuelos.

 

La Administración tampoco da ninguna alternativa productiva. Si bien existen colegios públicos donde acudir en verano, las plazas son limitadas (casi siempre ocupadas por quien menos ingresos tiene) y el horario comienza a partir de las 9.00 de la manaña.

 

El sector privado, campamentos, escuelas de verano y demás son carísimas, no están al alcance de la mayoría de los bolsillos.

 

Ante este panorama tan desolador, llega junio y me echo a temblar. Te sientes culpable de trabajar. Te dan ganas de abandonar el trabajo, pero no puedes. Para la mayoría eso es una utopía, la hipoteca y demás facturas no se pagan solas.

 

A eso hay que añadirle el creciente desempleo y el futuro laboral incierto que todos tenemos.

 

Cómo han cambiado los veranos.

 

Sólo siento que mi hijo y los de su generación, no vivan los veranos que yo viví.

 

Pido que el verano no sea sinónimo del problema de dónde colocar a los niños e intentaré, por todos los medios, no transmitir a mi hijo esta angustia. Que los niños no piensen que son eso: un problema en verano. Nos queda mucho por evolucionar y tenemos que luchar por cambiar esta sociedad que nos ha arrastrado a trabajar demasiadas horas.

 

Como mujer trabajadora, que se ha integado en el mundo laboral, ruego que ese mundo laboral respete la familia y que la conciliación familiar y laboral, esa que no existe, empiece a existir incluso en verano.

Mayo de 2009

Un relato de Maribel, nuestra socia nº 1967

Cuántas veces  has soñado con el tipo de familia ideal. Yo particularmente, envidio aquellas familias numerosas, donde cada hermano tiene una profesión, unos hobbies y son al vez tan diferentes. Me hubiese gustado tener la casa llena de hermanos, tíos abuelos en navidades, pero al fin y al cabo es algo que no he tenido y no se puede añorar lo que nunca has vivido.
 
Mi hijo se va haciendo mayor y demanda jugar con otros niños. Ya tiene a sus compañeros de la escuela, del parque y procuro que se relacione, tanto con niños como con mayores, fuera del nucleo familiar. Acude a hacer deporte por ejemplo. Le miro con lástima cuando juega con sus primas, como demanda el cariño de otros niños de sus edad y me gustaría que ese cariño, esos juegos los tuviese siempre. Para ello, claro está, habría que darle un hermanito. Por otra parte pienso en cuando sea mayor. Yo tengo dos hermanos, soy la pequeña y el recuerdo de mi infancia son sus juegos y ver cómo les ha ido la vida, como han cambiado como han progresado y aunque tengo bastante diferencia de edad, sé que están ahí, que les tengo. De hecho me han acompañado en los momentos más duros pero támbien en los más felicies.

Por todo eso te planteas que no es bueno tener un hijo solo.

Cuando ya eres madre, la siguiente pregunta es para cuándo otro bebé. ¿Presión social? Para nada. Mi hijo es varón y si volviese a repetir desearía que fuese otro niño. Quizá esto sea por el hecho de que yo no tengo hermanas, y si bien siento un especial cariño por mis hermanos, de pequeña y de adolescente eché de menos una hermana. Pero esto me hizo más fuerte, más sociable, más abierta. No he tenido hermanas pero puedo presumir de haber tenido grandes amigas, casi hermanas y desarrollar una gran amistad con mis primas de mi edad.

Hay padres que lo tienen clarísimo y han tenido sus bebés muy seguidos, para que jueguen, para que estén juntos. Otros se lo han tenido que pensar y han dejado pasar el tiempo, cuando el niño va al colegio, tres o cuatro años que es lo ideal.

Muy pocos como yo, han decidido no tener más hijos. ¿Es egoísmo puro? Creo que no. En mi caso es pura lógica. Hay que ponerse en mi lugar y sentirse como yo me he sentido siempre sola en la crianza de mi hijo. Soledad en el embarazo, soledad mientras ha sido un bebé,  me ha tocado a mí todo, lo bueno y lo malo. He dejado tantas cosas por hacer. No es solamente un problema entre mi pareja y yo, también cuenta la sociedad. Yo no tengo padres que me ayuden, no sé que voy a hacer con mi  hijo cuando vaya al colegio y en verano tenga más de tres meses de vacaciones. Sé que hay opciones: escuelas de verano, etc, pero me angustía el problema. Son más grandes las dificultades cuando estas sola.

Tener otro hijo que me encantaría, sería tan bonito. Yo estoy muy orgullosa de ser madre, no me asusta el no descansar, pero sería duplicar el trabajo, la responsabilidad, sería tener menos tiempo para mí, andar aún más agobiada por el trabajo, por la casa, por todo...Más cansada, con menos ganas de hacer cosas, de vivir. Creo que la sociedad no está preparada para que, mujeres como yo sean madres y puedan, ya no salir de juega o a cenar, si no trabajar, desarrrollarse laboralmente e intelectualmente.

Por último, por qué no admitirlo, está el tema económico. Quizá si mi sueldo se multiplicase por tres se me acababan todos los problemas y podría tener un nuevo hijo. Poderoso caballero don dinero.
 
Esteis o no de acuerdo conmigo os invito a opinar.
 
Asimismo os recomiendo a todas "El club de las malas madres" de Lucía Etxebarria. Nunca un libro me entendió tan bien.
 
Gracias por la atención, un saludo.

Febrero de 2009

Un relato de Maribel, nuestra socia nº 1967 

¿Esperas algún detalle para San Valentín? ¿Piensas regalar algo a tu pareja? ¿Te ves obligado a hacerlo? ¿Te gustaría que lo hiciese?
 
Como cada año, la misma historia, los mismos mensajes comerciales. A veces pienso que no son las estaciones del año lo que marcan nuestras vidas, sino los grandes almacenes: las compras de navidad, los reyes, las rebajas y ahora toca el regalo de San Valentín. Todo es consumismo, y no sólo los centros comerciales te lo recuerdan, cadenas de hoteles y restaurantes ofrecen veladas románticas inolvidables. Presentan una vida idílica, sin problemas. A algunos les hacen sentirse desgraciados cuando contemplan la realidad diaria.

Enero de 2009

Un relato de Maribel, nuestra socia nº 1967

Corrían finales de los ochenta y yo era una quinceañera más en un instituto más de una gran ciudad.

Mi amiga y yo ibamos todos los días a clase. Soñábamos, porque a los 15 años aún se sueña con triunfar, soñabamos con arreglar el mundo, con cambiarlo, con ir a la universidad y aspirábamos a ser algo más que ser amas de casa. Teníamos muy claro nuestro ideales, tanto políticos como morales. También nuestros gustos musicales, muy importantes para cualquier jovencito de aquella época.  

Julio de 2008

¡Hola!

Acabo de recibir mi primer magazine de ClubGynea y me haencantado. Adoro las revistas pero los artículos de la vuestra sonespeciales. No conocia los productos Gynea y ahora mismo voy a salir abuscar Melagyn. No conocia la importancia del DHA (trato de quedarmeembarazada). Espero que cuando pruebe vuestros productos me gustentanto como la revista.

Gracias,
Elena