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De sobra sabemos que la dieta es uno de los factores capaz de determinar nuestro estado de salud tanto en la infancia como en la etapa adulta. El no cumplir con una dieta equilibrada tanto en cantidad como en calidad conlleva a una malnutrición, y si esta ocurre durante periodos críticos como la infancia y adolescencia los efectos suelen ser irreversibles. El raquitismo es un claro ejemplo de malnutrición durante la infancia. En este caso la falta de vitamina D y de calcio hace que aparezca una deformidad esquelética persistente durante la etapa adulta.
Lo que es sorprendente es que la dieta de una embarazada pueda tener consecuencias que se trasladen al niño y al adulto después de nacer, pudiendo llegar a determinar un estado de salud o enfermedad. Este nuevo concepto conocido como "programación fetal" reafirma la importancia de la dieta en la mujer durante el embarazo.
Durante el periodo fetal los tejidos y órganos pasan por diferentes periodos críticos de desarrollo. En estas etapas críticas muchos fetos tienen que adaptarse a un limitado aporte de nutrientes. Este hecho hace que su estructura y metabolismo esté cambiando permanentemente y ocurra una programación que descubra sus efectos en la etapa adulta.
Una madre que durante el embarazo haya seguido una dieta hipocalórica (pocas calorías), tiene más probabilidades de tener un niño con bajo peso. Contrariamente a lo que cabría esperar, cuando un recién nacido presenta un bajo peso al nacer es más propenso a desarrollar obesidad, diabetes e hipertensión en la vida adulta.
Para entender de forma sencilla el mecanismo por el cual esto sucede es importante conocer que existe una adaptación inmediata por parte del feto a la falta de nutrientes por lo que transforma su metabolismo en ahorrador y empieza a consumir sus propios sustratos para producir energía. Este metabolismo ahorrador durante la etapa fetal sumado a cambios endocrinos, actuarán de imprenta en la vida adulta, y conjuntamente con factores ambientales (dieta, hábitos de vida, etc.) y genéticos serán responsables de su estado de salud.
Además de estudiar los efectos de los cambios en la cantidad de alimentos que ingiere una mujer durante su embarazo, actualmente los especialistas investigan las consecuencias de los cambios en la composición de la dieta. Todo ello contribuirá a aportar más argumentos para convencernos de que una dieta equilibrada es necesaria, incluso antes de nacer.