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¡La menopausia ya no es lo que era!

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¡La menopausia ya no es lo que era!

¡La menopausia ya no es lo que era!

Recuerdo cuando a mi madre le vino la menopausia. Era frecuente verla acalorada, sobre todo en el autobús, abanicándose desesperadamente. Entonces la menopausia llegaba a muchas mujeres cuando ya habían dado lo mejor de sí trabajando en los primeros años de su juventud para luego pasar a la vida de ‘amas de casa’, muchas encantadas, otras resignadas y hasta algunas (quiero creer que las menos) aficionadas al agua del Carmen.

Para la mujer que se había dedicado profesionalmente a ser ama de casa: cuidar de los hijos, llevarlos al cole y al médico (los primeros años casi con la misma frecuencia), limpiar y gestionar la casa, comprar, atender a otros familiares (tíos, padres, suegros), la menopausia se unía a eso que llamaron ‘síndrome del nido vacío’. Algo así como que después de 20 años de dedicación en cuerpo y alma principalmente a los hijos, estos ‘volaban’ (ley de vida) y ellas se quedaban sin ‘deberes’, sin ruido en casa, solas y con dificultades para reconocerse en el espejo. Y es que a los cambios en el entorno se sumaban los cambios hormonales, personales, emocionales de la propia mujer. En definitiva, un drama. Y así fue como la palabra menopausia empezó a sonar a declive.

Pero mi madre, que me había tenido bastante mayor para la época (con 36 años) y que siempre había trabajado, encontró algunos obstáculos en la menopausia mucho más vinculados a la salud que no al entorno. Se iniciaba un deterioro a nivel cardiovascular que también había tenido mi tía unos años antes. La predisposición genética está ahí.

Así que cuando el ginecólogo le comentó a mi prima que podía tener menopausia precoz a los 43 años, ella decidió apuntarse al gimnasio y empezar a practicar trekking por la montaña. Porque con dos hijas de 12 y 16 años, mucho trabajo que hacer dentro y fuera de casa y un cuerpo envidiable, no necesitaba pensar en sofocos, nidos vacios ni depresión.

Y lo cierto es que mi prima no es una excepción. Me decía la Dra. Rosa Porqueras, especialista en menopausia, en el congreso de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, que el ‘síndrome del nido vacío’ se ha convertido en ‘overbooking en el nido’ (ya hay hasta un libro). Muchas madres llegan a la menopausia con hijos pequeños, pre o plenamente adolescentes, defendiendo un trabajo para el que se han preparado durante años y más preocupadas por su vida en pareja o por si la transición menopáusica puede incluir un aumento de peso.

Como mi prima está mi cuñada, con 49 años, el médico diría que con una menopausia quirúrgica, ella diría que con muchas montañas para subir los fines de semana.

O Elena, con una hija de 11 años, 2 máster y más de 20 años de trayectoria profesional que defender.

Todas podemos listar mujeres de nuestro entorno, amigas, que los 45 les llegan en la flor de la vida, después de haberse preparado intensamente para desarrollar su trayectoria profesional,   de haber formado muchas recientemente una familia con 1, 2 o 3 hijos, defendiendo también con dietas y gimnasio la figura en la que se encuentran cómodas y aficionadas la mayoría a un puñado de escritoras audaces. Esa es la mujer de nuestro tiempo, lejana a la menopausia como sinónimo de ‘hacerse mayor’ y cercanas a que están justo en la mitad de la vida. Y esa mitad de la vida ha de servir para retomar el cuidado de una misma, de su salud y de la concentración en sus necesidades.

En esa evolución que hemos contemplado desde Gynea, constantemente como laboratorio de la mujer, hemos pensado en cómo podemos ayudarla. ¿Cómo contribuimos a mejorar la calidad de vida de estas mujeres que la mayoría ya confió en nuestro polivitamínico Gestagyn®? (Incluso muchas nos llamaban para consultar si podían continuar tomándolo después del embarazo). Y es que somos muchas las que después del embarazo y la lactancia hemos retomado la vida laboral a tope y priorizamos nuestra salud mental e intelectual a algún ‘kilito’ de más o alguna ‘marca de expresión’ en nuestra sonrisa.

De ahí surge toda la investigación y desarrollo. ¿Qué micronutrientes necesitan las mujeres a partir de los 45 años?

En el año 2002 se publica el libro Blanco de ‘Las vitaminas en la alimentación de los españoles’. Éste muestra que tan solo el 25% de las españolas hace dietas de buena calidad nutricional. De hecho se observan ingestas insuficientes de vitaminas liposolubes como A, E y D. Esa carencia de vitaminas a lo largo de la vida hace que el metabolismo priorice las funciones del presente sin ‘prepararse’ para las etapas futuras (Teoría del Triage). Por ello, cuando el cambio hormonal que supone la transición menopáusica eleva el riesgo de enfermedad cardiovascular, de osteoporosis o de pequeñas pérdidas de visión y memoria, entendemos que debemos actuar. A través de nuestra alimentación y la suplementación podemos actuar en pro de un autocuidado que nos permitirá continuar nuestro apasionante ritmo de vida en los planos personal, familiar y profesional.

En la búsqueda de esos micronutrientes esenciales nuestra área científica destacó la vitamina K2. Esta vitamina, sobre la que se tienen más esperanzas en el futuro, demuestra ya muchas ventajas en la prevención, os he recortado algunas noticias.

- 18.03.09 La vitamina K2, o menaquinona, proviene del nattô, un alimento fermentado de la soja popular en Japón. Es una vitamina cuya credibilidad vaen aumento a medida que se aportan más estudios que demuestran su capacidad para beneficiar a la salud del corazón, la piel y los huesos. La vitamina K2 se ha ganado la aprobación de NOVEL FOOD, a medida que se publica más evidencia científica sobre su papel beneficioso en la salud ósea y cardiovascular. La investigación pone de manifiesto la importancia de las vitaminas D y K, en la forma en que el cuerpo procesa el calcio.

"La vitamina D ayuda al cuerpo a absorber el calcio. Por su parte, la vitamina K2 activa las proteínas responsables de dirigir el calcio a los huesos (donde lo queremos) y lo mantiene fuera de las arterias donde puede tener efectos perjudiciales", dijo el director ejecutivo de NattoPharma, Morten Sundstø. Sundstø matizó que la dieta occidental era alrededor de un 30% deficiente en vitamina K2  y que su suplementación podría disminuir los depósitos de calcio, especialmente entre los mayores de 50 años que suelen usar los suplementos de calcio para la osteoporosis.

Así que chicas, hay que renovar todas las voluntades de cuidarnos hoy y avanzarnos a mañana.

Jou López
jou@clubgynea.com

Directora Editorial

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