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La pareja emocionalmente inteligente

La pareja emocionalmente inteligente

Son muchas las razones por las que una pareja puede llegar a la consulta de un terapeuta pero podría decirse que se hace necesaria sólo una para que ésta tenga éxito en su intento: la motivación para poder cambiar y mejorar las cosas.

A partir de esta actitud el trabajo del terapeuta suele facilitarse enormemente pues ambos han sentado las bases sobre las cuales debe sustentarse toda reconstrucción. A la pregunta, tantas veces formulada, de la fórmula mágica que se esconde tras la clave del éxito en toda relación, suelo responder que es mucho más fácil encontrar la solución si se sientan las bases sobre las actitudes adecuadas; es en este sentido que quienes trabajan para no cometer ciertos errores pueden obtener ciertas garantías de que el barco no acabe por hundirse. El amor, necesario para el establecimiento de todo vínculo, no es el único ingrediente de la receta si bien es cierto que sin él difícilmente se cocina algo entre dos. Hace falta cuidar la relación como si de una planta se tratara para ir regándola cada día para evitar así que, a pesar de los sentimientos hacia el otro, acabe marchitándose: si construimos una pareja emocionalmente inteligente nos aseguramos el crecimiento y fortalecimiento de la relación, aportando los nutrientes necesarios para que, a pesar de las dificultades surgidas, el vínculo siga manteniéndose fuerte en el tiempo.

El concepto de inteligencia emocional ha ido cobrando protagonismo durante los últimos años cuando en 1995, Daniel Goleman revolucionó el paradigma psicológico con la publicación de su obra Inteligencia Emocional. El término hace referencia a la capacidad de comprender emociones y conducirlas, de tal manera que podamos utilizarlas para guiar nuestra conducta y nuestros procesos de pensamiento, para producir mejores resultados. La importancia de la regulación emocional ha puesto de manifiesto que una carencia de ella hace más vulnerables a las personas, al no saber responder ante ciertas situaciones con el sufrimiento posterior que conlleva el no sentirse socialmente hábil. El ámbito de la pareja no es ajeno a todo ello y si adquirimos las herramientas necesarias para poder gestionar emocionalmente nuestras relaciones de manera inteligente, nos acercamos a la respuesta que debería darse ante la pregunta sobre la fórmula mágica que se esconde tras la clave del éxito de la pareja. Sin duda alguna la inteligencia emocional sería el ingrediente principal de la pócima.

Desde un punto de vista personal e individual, cada miembro de la pareja debería asegurarse el trabajo en las siguientes habilidades: autoconocimiento, autorregulación y motivación. Su correcto manejo sobre cada una de ellas le garantiza el dominio de uno mismo y el éxito en su propia regulación emocional. Desde el punto de vista social (de relación con el otro en el caso que nos ocupa), la pareja deberá esforzarse en construir y fortalecer las bases de la empatía y de las habilidades sociales para garantizar el éxito en la relación con el otro, una vez ha consolidado las habilidades personales. En cuanto a éstas últimas, cada uno debería poder responderse a preguntas como ¿Cuáles son mis estados emocionales dominantes?, ¿Cuánto he desarrollado mi carácter?, ¿Cuáles son mis principales capacidades?, ¿Qué características y hábi tos me definen mejor?, etc. En definitiva debe tener una visión de quien es realmente para poder así regular y neutralizar los defectos y limitaciones que estén impidiendo su desarrollo de manera positiva y puedan estar afectando de una manera u otra a la pareja. Desde el conocimiento propio se llega al conocimiento del otro, aceptando las cualidades y limitaciones de cada uno sin enfrentarse al otro por cómo es. La aceptación del otro constituye una de las bases de toda relación. Si se ama realmente al otro se le acepta. De este modo pasamos al trabajo en la segunda las habilidades personales: la autorregulación. Si se es capaz de poder controlar las emociones, sin reprimirlas, se consigue el dominio sobre cualquier situación, evitando así el desbordamiento emocional y el sufrimiento provocado por no saber autocontrolarse. Poder manejar una discusión con la pareja sin necesidad de llegar al reproche o la descalificación es todo un éxito para la relación. Uno puede sentirse enfadado con su pareja, teniendo todo su derecho a sentir dicha emoción, pero no debería estar legitimado a herirla justificando dicho ataque desde su propio enfado. La inmadurez emocional suele ser una de las causas principales tras toda separación. No se separan las parejas que discuten, lo hacen aquellas que no saben hacerlo. El último componente individual está muy relacionado con el motor y la energía necesaria para el buen funcionamiento de la relación: la motivación orientada al mantenimiento y mejora del vínculo. Automotivarse diariamente por y para la pareja se relaciona directamente con el acto de regar la planta de la que hablábamos antes. Es necesario aquí que cada uno de los miembros se plantee qué es lo que puede hacer para mejorar la relación en vez de adoptar la actitud pasiva de espera. Quien mucho espera, siempre cree estar recibiendo poco.

Llegamos aquí a la construcción de las herramientas propiamente sociales que garantizan el éxito de la relación entre los dos: la empatía y las habilidades sociales. La primera puede definirse como las aptitudes que desarrolla una persona para percibir las emociones de los demás y sentirlas como si fueran propias; para poder comprenderlas y corresponderlas. Empatizar con el otro implica ponerse en su lugar desde su propio punto de vista. Poder hacer eso en pareja implica entender y aceptar su propio comportamiento, sus pensamientos y sus emociones porque son propias en él o en ella, a pesar de que se alejen de las del otro miembro. Hay que alejarse de las actitudes del tipo “si no piensas como yo es que estás contra mí”. Cuando uno de los dos siente, piensa o actúa de manera distinta a como uno lo haría, al otro sólo le queda aceptarlo y entenderlo. Sólo desde esta actitud se puede comprender al otro e interesarse activamente por sus preocupaciones, pudiendo ayudar si se hiciera necesario. Es muy importante poder percibir las necesidades del otro en el ámbito de la pareja para poder garantizar el éxito en la relación. La construcción de las habilidades sociales en pareja permite el buen manejo de las situaciones conflictivas. Hay que saber dejarse influenciar por el otro en determinadas ocasiones, para alejarse de un posible pensamiento dogmático que impida ver otras lecturas de una misma realidad. La comunicación en pareja (a la que dedicaremos todo un monográfico) debe traducirse en una emisión clara y concisa en los mensajes para evitar la información confusa así como una buena escucha activa hacia el otro. Trabajar en equipo se hace altamente necesario en la pareja: saber trabajar en grupo es una herramienta imprescindible cuando se comparte la vida con alguien, de manera que la pareja se acerca así a la consecución de objetivos compartidos que les hacen sentir más unidos. Todas estas actitudes pueden resultar altamente beneficiosas en caso de producirse un conflicto ya que están encaminadas a la resolución del mismo y a la consecución de acuerdos. Si se desarrollan todas estas habilidades conjuntamente se construyen los cimientos de dos principios fundamentales que pueden salvar toda clase de conflictos: colaboración y cooperación con el otro. Hacer equipo y venceréis.

Sònia Cervantes Pascual

Psicóloga, Terapeuta sexual y de pareja

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