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El sexo y la(s) crisis

El sexo y la(s) crisis

Desconocemos lo que llevó a Sir Edmund Hillary a decidirse a tirar "pal monte" o a Amundsen a pasar más frío que un pingüino o a Orellana a vérselas con las Amazonas, pero lo que sí podemos deducir, es que no estaban muy a gusto en casa. La tendencia de la materia es a permanecer en el mismo estado de reposo o de movimiento. A eso se le llama inercia. Cuando esta inercia se ve alterada por una fuerza que le implica variar de estado, a eso se le llama crisis. Pero a veces y para muchos perfiles, y esto es una opinión personal, las inercias son más peligrosas que las crisis. La crisis, como concepto entonces, implica cambio y por tanto separación, elección y evaluación, si es posible, de "trayectorias"?. Cuando estamos en crisis, tenemos que aventurarnos, que explorar territorios ignotos, que asumir riesgos y aceptarnos, en definitiva, como seres vivos que evolucionan.




Mucho de esa concepción tiene también el ejercicio del sexo; desbrozar de matojos una topografía humana desconocida (o todavía por conocer), desvelar y conquistar una psicología que se nos enfrenta como una nueva trayectoria y arriesgarse dejando que fluya la adrenalina (una hormona amada por el sexo). También comparten, crisis y sexo, el deseo, que nunca entiende de inercias, sino de alternativas.

Sin embargo parece que "crisis"? y "sexo" no son una buena pareja de baile. ¿O sí? ¿Son compatibles o no lo son?

Dice el proverbio judío que, cuando te den dos alternativas, elijas siempre la tercera.

El sexo, como idea, no debería temer a las crisis, es más, como hace el buen surfista aprovechando la ola, una situación de crisis puede ser una estimulante superficie para recurrir a nuestra condición de seres sexuados. La interacción sexual aumenta nuestra autoestima (que puede haberse visto quebrada por las "novedades"? de una crisis), bioquímicamente nos incrementa la serotonina (que regula nuestros niveles de ansiedad y tristeza) y genera complicidad con otro ser humano (nada hay más tierno que un abrazo cuando todo lo demás es duro) Pese a todo esto, en tiempos de crisis, las consultas aumentan; disfunciones sexuales, pérdida de deseo y en general todos los daños que suele producir un exceso de angustia. Mi impresión, y aquí viene la tercera alternativa, es que si bien las crisis pueden interpretarse de manera positiva en el sexo, son demoledoras para el sexo en la pareja. Cuando el entorno se hace hostil y el cambio es necesario, nada está peor visto que lo que ya está muy visto. La necesidad, real o ficticia, de para partir, como hacen los globos, aligerar peso, nos inclina a culpabilizar e instigar al que llegó con nosotros hasta aquí, al compañero. Pero si inteligente es saber cambiar, sabio es saber cuándo, cómo y el qué. He visto a muchos con el baile de san vito, cambiar, renunciando a cosas a las que nunca debieron renunciar y perderse por el cielo como los globos de feria sólo por miedo, por miedo al cambio. Los latinos tenían una expresión concluyente: "mutatis mutandi"?, que no quiere decir "cambiando a toda costa"? sino "cambiando lo que deba ser cambiado"?.

Fue en primavera viendo un telediario en Italia, asumida ya la crisis de las subprimes, de los mangantes y los golfos de siempre que se "benefician"? el beneficio y a los que convendría que con el ladrillo cascaran nueces en lugar de lanzarlos con catapultas, cuando oí la noticia de que un grupo de viajeros canadienses provenientes de México habían sido ingresados por culpa de algún extraño virus.

Y fue a principios de Agosto cuando vi, en el Colegio de Médicos de Madrid la pancarta: "No beses, no des la mano, di hola"? y pensé en Boccacio y en sus amantes en la villa toscana distrayendo, con sus cuentos y besos, a la peste y pensé que lo peor de las crisis sociales siempre viene después, cuando los sistemas de control, asustados como hienas por el trueno, se petrifican y se radicalizan, se hacen inflexibles con una moral pública férrea que pena, castiga y estigmatiza a diestro y siniestro. Y pensé en los besos de despedida, en "el amor en los tiempos del cólera"?, en el sexo cuando todo lo que podíamos perder ya lo hemos perdido y de repente me asaltó una duda; ¿por qué los niños, de mayores, ya no quieren ser exploradores?

Valérie Tasso
www.valerietasso.com
 

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