El yodo
En la vida hay etapas y situaciones en las que se considera importante vigilar el consumo de micronutrientes, por ejemplo durante embarazo, en caso de realizar dietas adegalzantes o ejercicio intenso. Desde hace unas décadas, es habitual que la mujer embarazada reciba el consejo de complementar su alimentación con ácido fólico, hierro y yodo. Nos gustaría explicaros el porqué de incluir este micronutriente en el polivitamínico recomendado, así como los efectos de su déficit.
El yodo, debido a que se encuentra en cantidades muy pequeñas en nuestro organismo, es considerado como un micronutriente. A pesar de ello constituye un elemento esencial para el normal desarrollo y funcionamiento de nuestro organismo.
El papel fundamental del yodo es formar parte de las hormonas tiroideas que durante la época fetal y los primeros años de vida presentan una importante influencia sobre el crecimiento y desarrollo de nuestro organismo, y sobre el ritmo metabólico de numerosos procesos.
Repercusiones en caso de déficit de yodo
Cuando el aporte de yodo es insuficiente y mantenido, puede aparecer hipotiroidismo y la glándula tiroides puede aumenta de tamaño con el fin de mejorar la captación de yodo a partir de la sangre; este aumento de tamaño es conocido como bocio. Normalmente esta situación se detecta a partir de los primeros síntomas relacionados con una disminución del funcionamiento normal del organismo: debilidad, fatiga, intolerancia al frío, estreñimiento, aumento de peso o depresión, entre otros.
Si la carencia de yodo se da durante el embarazo, se suma además un riesgo de que se produzcan alteraciones neurológicas mentales en el feto que serán irreversibles y se traducirán en un retraso de tipo mental y psicomotor, a menos que la madre reciba a tiempo un suplemento de yodo.
El consumo de yodo en exceso es una situación rara que, al igual que el déficit de yodo, puede comportar un funcionamiento disminuido de la glándula tiroides.
Debido a que las funciones del yodo se asocian a una cantidad determinada de este mineral, es importante no consumirlo ni en exceso ni por debajo de las recomendaciones.
Fuentes de yodo
El yodo se encuentra disuelto en cantidades significativas en el agua del mar, por eso, los alimentos que nos aportan mayor cantidad de este mineral son el pescado de origen marino, el marisco y las algas. En el resto de alimentos, el contenido de yodo es muy pequeño y variable. Incluso en el mismo alimento se pueden observar grandes diferencias en la concentración de yodo según el terreno donde se haya cultivado (en el caso de los vegetales) o el tipo de dieta seguida (en el caso de los animales). Asimismo, conviene tener presente que, al cocinar los alimentos, estos pueden perder entre un 20- 50% de su contenido inicial en yodo.
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Alimento (ración) |
Contenido de yodo (mcg por ración) |
| Langosta (600 g) | 282 mcg |
| Sepia (250 g) | 126 mcg |
| Atún (175 g) | 50.8 mcg |
| Sardinas en aceite (85 g) | 28.4 mcg |
| Acelgas (240 g) | 82.6 mcg |
| Huevos (60 g) | 6.6 mcg |
| Leche de vaca (200 g) | 18 mcg |
Recomendaciones
En adultos se recomienda un aporte diario de unos 200 mcg de yodo al día. Esta cantidad aumenta hasta los 300 mcg de yodo al día si la mujer está embarazada o es lactante. Partiendo de la base de que estas recomendaciones son de ingesta (incluyen la dieta y la suplementación), para obtener unos niveles suficientes y seguros de yodo durante el embarazo, se aconseja suplementar el contenido de yodo de la dieta durante esta etapa con al menos 150 mcg al día de manera estable y permanente.

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