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El cabello cumple una función protectora, que aunque no es imprescindible para el funcionamiento de nuestro organismo, tiene un importante papel estético. Una caída excesiva de cabello puede llegar a afectar de forma negativa nuestra calidad de vida.
Las fibras del cabello están compuestas por más de un 75 por ciento de proteínas ricas en azufre (queratina), y en minerales especialmente: zinc y hierro.
Debido a este contenido en proteínas y minerales podemos decir que el cabello es una estructura cara de mantener, por ello una dieta carente de nutrientes esenciales puede provocar su caída.
Además, los cambios de estación y los hábitos de vida de la sociedad actual: el estrés, la fatiga, los desequilibrios hormonales, pueden contribuir a esta caída, llegando a afectar alrededor de un 34% de la población femenina. En los hombres, el 50% de los casos de caída de cabello presenta un factor genético y se relaciona con la hormona masculina (andrógeno). En este caso, la progresión podrá frenarse o parcialmente revertirse con ayuda de tratamiento médico, siempre y cuando esta caída de cabello sea leve o moderada y se encuentre en un estadio inicial.
Cómo alimentar nuestro cabello
No olvidarse de las proteínas y las grasas saludables.
Cuando existe una malnutrición proteica el cabello se debilita, se hace más fino, quebradizo, se frena su crecimiento diario y aumenta su caída.
Es fundamental consumir alimentos con un aporte adecuado en proteínas para no comprometer la fortaleza y belleza de esta parte del cuerpo con tanto valor estético. Mediante el consumo de carne, pescado, huevos y productos lácteos, ricos en aminoácidos con azufre, contribuiremos a la buena calidad de nuestro cabello.
Debemos también dar importancia a un consumo de grasas saludables, Omega-3 y Omega-6, si queremos no perder la elasticidad y el brillo. Por ello, el aporte de alimentos con Omega-3, como el pescado azul y con Omega-6, en los frutos secos (nueces, almendras y avellanas) están altamente recomendados.
Minerales, como el hierro y el zinc, aunque en pequeñas cantidades, son igualmente necesarios
Cuando una dieta es insuficiente en hierro, además de la fatiga asociada a la anemia, se manifiesta una caída y poca abundancia de cabello. Este déficit de hierro es un problema preferentemente de la mujer fértil, debido a que la menstruación y los embarazos incrementan las necesidades de este mineral. Las principales fuentes de hierro son las carnes y el pescado. Aunque también tienen hierro las legumbres, los cereales y las verduras, debe tenerse en cuenta que el hierro de los productos de origen animal se absorbe mejor que el contenido en los de origen vegetal.
Las estructuras de nuestro organismo que presentan un mayor contenido en zinc son la piel, cabello y uñas. Este mineral protege contra el envejecimiento celular formando parte de más de 90 enzimas y presenta interesantes funciones en el crecimiento, la vista y la fertilidad (especialmente masculina). Para garantizar un aporte adecuado de zinc debemos incluir carne, pescado, germen de trigo y marisco en nuestra dieta.
Como hemos visto, la caída de cabello puede ser el principal signo en aparecer cuando existe una ingesta subóptima de los nutrientes hasta ahora citados, por lo que el abordaje nutricional debe ser nuestra primera opción antes de recurrir a cualquiera de los tratamientos milagro existentes